Perlas... su sólo nombre evoca maravillosas joyas que han estado presentes en muchas épocas de la historia, en los fantásticos vestuarios de las mujeres orientales de siglos pasados y en el moderno guardarropa de la mujer de hoy. Chanel, Dior, Lacroix, los grandes creadores de la Alta Costura las han elegido como refinado complemento de sus modelos. Un collar de perlas cultivadas es una joya clave, capaz de revalorizar cualquier estilo.
| A lo largo de la historia, la perla, con su
cálido brillo natural y su particular iriscencia, ha sido una
de las gemas más preciadas y deseadas.Y por eso hasta principios
del siglo XX, las perlas naturales estaban sólo al alcance de
las grandes fortunas. |
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| Se pueden hallar inumerables referencias a las perlas en la
religión y en las mitologias de muchas culturas, desde tiempos
remotos. Los antiguos egipcios tenían en tan alta estima las
perlas que se hacían enterrar con ellas. Se cuenta que Cleopatra
disolvío una perla en una copa de vino con el fin de ganar una
apuesta a Marco Antonio en la cual ella era capaz de consumir
la riqueza de una nación entera en una sola comida. |
Los Griegos apreciaban las perlas tanto por su belleza inigualable como por su estrecha relación con el amor y el matrimonio. En la antigua Roma, las perlas eran consideradas el más alto símbolo de riqueza y posicion social.
En los inicios de la Edad Media, mientras las doncellas de la nobleza atesoraban collares de delicadas perlas, en el campo de batalla los caballeros confiaban en que estas brillantes gemas podian protegerlos de todo mal.
El Renacimiento vió como las Cortes Reales de toda Europa eran inundadas por las perlas en sus fiestas y celebraciones.
Dado que las perlas eran tan bien consideradas, varios paises europeos aprobaron leyes prohibiendo el uso de las perlas por ciudadanos que no pertenecieran a la nobleza.
Hasta principios del siglo XX, las perlas estaban al alcance solo de los ricos y famosos. ¿Qué ocurrió para que las perlas dejaran su aureola súperelitista para acercarse al consumo de muchas más personas?. Sencillamente, que la mano del hombre consiguió una maravilla prácticamente idéntica, pero mucho más asequible: las perlas cultivadas. ¿Cuál es el secreto de este hallazgo?.
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| Las perlas cultivadas se forman de manera casi idéntica que las perlas naturales. También ellas son el más bonito regalo del mar... Todos sabemos que las perlas, a diferencia de las demás piedras y gemas preciosas, no se extraen de la tierra. Su nacimiento es casi un milagro que se opera misteriosamente dentro de las profundidades marinas. |
| Cuando un objeto extraño o una partícula de arena penetra en el delicado cuerpo de una ostra, provocando una molestia, ésta se defiende del objeto extraño segregando una sustancia cristalina y dura, llamada nácar, que la envuelve hasta que, con el paso de los años, queda totalmente encerrada dentro de una capa cristalina: ha nacido una perla. |
¿Qué mecanismos son precisos para conseguir las perlas cultivadas?. El proceso empieza de la misma forma que en las formas naturales: por medio de las ostras, pero se les implanta intencionadamente el objeto irritante, en lugar de esperar que el azar realice su obra. Entonces la naturaleza y la ostra, ayudadas por la mano del hombre, realizan nuevamente el milagro. Un milagro que se multiplica y da lugar a un número extraordinariamente mayor de perlas.
Las perlas cultivadas no se producen como un producto en masa en una fábrica. Se toman con ellas medidas que demuestran que son un producto superior, una mercancía única. Inicialmente su cultivo dependía solamente de las ostras silvestres. Pero los científicos japoneses lo han convertido en algo mucho más selectivo. Aislaron razas de ostras que tienen cualidades superiores para la producción de perlas y las trataron aisladamente con unos cuidados exquisitos, consiguiendo perlas con un lustre y una claridad realmente excepcionales.
Entre las perlas cultivadas que "sobreviven" como piezas maravillosas, hay una enorme variedad, según su lugar de origen. Las "Akoya" -cultivadas en Japón y en China- son las clásicas perlas japonesas y las que poseen el mayor lustre del mundo. Las "blancas de los mares del sur", cultivadas en Australia o Indonesia, son de gran rareza y de un tamaño que oscila entre los 10 y los 20 mm. El color también varía. Las perlas negras, cultivadas en la Polinesia francesa, poseen el encanto de una tonalidad única. Las de río son menos lustrosas que las de mar, pero sus formas caprichosas, su colorido y su precio más asequible las han hecho muy populares. Y, por último, las perlas "mabe", cultivadas en Japón, Indonesia y Australia son de forma hemisférica, lo que las hace muy apropiadas para aretes o anillos, ya que disimulan así su lado plano.

Hay que tener en cuenta, que a diferencia de las perlas de imitación, las perlas cultivadas nunca son exactamente iguales. Por eso los maestros joyeros tienen que hacer una cuidadosa selección para conseguir una cierta uniformidad de forma, tamaño, lustre y color. Un especialista joyero a veces tiene que escoger entre muchas miles para encontrar las perlas suficientes, tan similares entre sí como para ser ensartadas juntas y formar un solo collar. También los compradores tienen que agudizar su sentido crítico y su examen a la hora de comprar joyas con perlas. Aunque es una buena medida el consejo de un joyero entendido, conviene saber qué factores hay que tener en cuenta para acertar. Éstas son algunas características de las perlas de calidad:
- Un lustre brillante y no opaco. El lustre es la combinación de la brillantez de la superficie y el brillo interno. Si es perfecto, usted puede ver claramente su propio reflejo en la superficie de la perla. Si la ve blanca, opaca o con apariencia de tiza, malo... esto indicaría que es de baja calidad.
- Una superficie limpia. Esto significa que no debe haber la más mínima sombre de mancha, abultamiento o hendidura en la superficie de la perla. Cuanto más limpia esté, más valiosa será.
- Lo más redondas posible. Por ser un producto espontáneo de la naturaleza es difícil encontrar perlas perfectamente redondas. Las hay barrocas, de una forma ligeramente asimétrica, que pueden ser lujosas y atractivas, pero cuanto más redonda sea una perla, más valiosa será.
- Un tamaño apropiado. Las perlas cultivadas se miden por su diámetro en milímetros. Pueden ser muy diminutas o alcanzar hasta el tamaño de 20 mm, como las grandes perlas de los mares del sur. Cuanto más grande sea una perla, si además posee los otros factores mencionados, más valiosa será. La de tamaño promedio, que se encuentra con frecuencia en las joyería, mide entre 7 y 7 milímetros y medio.
- Un color acertado. En esto entra como factor importante el gusto personal. Entre las perlas cultivadas hay una gran variedad de colores que van del rosado al negro. Dependerá la elección con qué tipo de trajes quiere combinarse y también del color de la piel de la persona que vaya a llevarlas. En general, las perlas rosadas o blancas-plateadas sientan mejor a personas de piel clara, mientras que las de color crema y dorado destacan en pieles más oscuras.
Los grandes creadores de Alta Costura han acudido a las perlas como una de sus joyas favoritas. Son famosas las perlas de Chanel y tantas otras manifestaciones de auténticas obras de arte en la joyería. Un collar de perlas es un accesorio que no debe faltar nunca en el joyero de una mujer elegante.
Se puede asegurar que el collar de perlas es una joya con la que siempre se acierta y que se puede adaptar a distintas formas de vestir y tomar distintos aspectos, según los conjuntos con que se quiera combinar. Un collar corto, generalmente de tres vueltas, ajustable a la parte media del cuello, combina muy bien con vestidos con cuello a la caja o en escote en V. Si es corto y de una sola vuelta, puede combinar con cualquier prenda de vestir de aire sport -blusa, jersey- o hasta con un traje de noche.

Si quiere que sus perlas se conserven impecables y brillantes durante muchos años, tome las siguientes precauciones:
- Los cosméticos, perfumes y lacas contienen productos químicos que pueden estropear el brillo de la perla. Colóqueselas siempre después de haberse aplicado ya estos productos.
- Una vez usadas, límpielas con un paño húmedo para eliminar cualquier posible resto de algún producto dañino.
- Periódicamente lave sus perlas con un jabón suave.
- Mantenga sus perlas separadas de otras piezas de joyería más pesadas para evitar que se rayen. Lo mejor es colocarlas dentro de una bolsita de tela suave o separadas en un joyero, forrado por dentro de seda o terciopelo.
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